Autor: Virgilio López Azuán
DIRECTOR DE SEMINARIOS IR
La sociedad actual vive una situación de crisis, la gente se
queja de la pérdida de los valores, de esos principios en que se sustentaba el
accionar humano. En muchos estadios de la humanidad se han verificado muchos
tipos de crisis, la memoria histórica recuerda el florecimiento de grandes
culturas arcaicas que realizaron importantes aportes a la evolución del
pensamiento social, político y tecnológico, pero estas culturas también
entraron en crisis y desaparecieron. Podríamos citar imperios, naciones y
civilizaciones que ya solo queda su legado que incide en la actual etapa
histórica de la humanidad. No se pueden olvidar los imperios: Asirio, Persa,
Babilónico, Mongol, Romano, Inca, Otomano, Azteca y otros tantos más. Todos
ellos tuvieron su época floreciente y su decadencia.
La humanidad de hoy registra progresos extraordinarios con
el desarrollo de la ciencia y la técnica. Trabajos en la telemática, robótica,
comunicaciones; en la biología, la química y la energía así lo demuestran.
Nunca como hoy el progreso científico había alcanzado semejante escala, el
empuje en el siglo XX fue decisivo para tales logros. La conquista del espacio,
la manipulación del genoma humano, los trabajos con células madres y el
desarrollo de las inteligencias artificiales apuntan a una nueva sociedad a
lo largo del tercer milenio. Asistimos a
la desacralización de las cosas; las religiones viven fuertes crisis en sus
principios, pero realizan sus aportes para mantener los preceptos morales en
medio del estado convulsivo.
Los cambios climáticos, erupciones volcánicas, ciclones,
sismos, deslaves y sequias no son nada nuevo en la historia del planeta, en
etapas arcaicas se registraron grandes cataclismos, como los mencionan
escrituras sagradas, hebreas, chinas, egipcias y hasta americanas. Muchas de
estas catástrofes que suceden actualmente lo relacionan con el calentamiento
global, con el efecto invernadero, por el
mal uso que se les ha dado a los contaminantes químicos que ha producido la
ciencia moderna. Pero todos sabemos que esa no es la única causa, que existen
otras de carácter actitudinal de los individuos y colectivos de la sociedad
moderna que aceleran estos procesos.
Grandes cumbres de Jefes de Estados, grandes alianzas
estratégicas regionales y globales se realizan cada vez con más frecuencia para
enfrentar los retos y desafíos de la llamada postmodernidad. Pero estos
esfuerzos no son suficientes para impactar de manera decisiva en las
necesidades individuales y colectivas de la especie.
Cada día se derrumban los paradigmas que sustentan los
valores, los principios, las acciones y las actitudes humanas. Pero también al
mismo tiempo se levantan otros paradigmas con nuevas vertientes para
interpretar el mundo en escala planetaria y cósmica.
Se asiste al inicio de una nueva etapa en la humanidad, esa
que combina las nuevas inteligencias, las múltiples inteligencias, para
resolver los problemas actuales.
Ya no es ficción el tratamiento de enfermedades con células
madres; ya los experimentos de fertilización humana in vitro, la clonación son
cosas superadas por la ciencia. Ahora existe un abocamiento para crear súper hombres-máquinas, una hibridación, entre
el hombre y la máquina; un mundo inteligente tipo Matrix que asombra cada vez
más.

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